It has taken me a lifetime to understand the true meaning of every single word, every single note of yours.
you filled my empty, lonely nights with your voice, your lyrics, the rythm of your soul. You filled every second of my chillehood, and your videoclips made me love music the way I do now.
I have to admit I almost forgot you in my teenage, but I fell in love with your music again when I bought my first ipod. You were always on my ears, always on my brain…guess what: you made cry so many times. And you made me smile even more times.
Now, it’s about to break and I finally realised you’re gone.
Maybe it will sound like a cheap methaphore if I tell you that you will live forever in your fan’s hearts. But, belive me, it’s the the biggest truth ever told.
I will never forget you (I promise). Is the least thing I can do…for making me so happy.
bye…
Publicado en Uncategorized el 27 Junio, 2009 por jigoreojalá todas las historias de amor fueran como ésta
Publicado en Uncategorized el 30 Abril, 2009 por jigoreLa he visto dos veces en dos días (y no era la primera vez). Sencillamente, no he podido evitarlo. Es que esta historia de amor, para mi la más bonita historia de amor jamás contada, es conmovedora, desgarradora, sorprendente, turbadora e inquietantemente sincera.
El film de Ang Lee, pese a su increíble reparto, pese a sus alucinantes paisajes, robados de algún cuento de hadas y reubicados en las Montañas Rocosas, pese a la impresionante banda sonora, es una película sobria, austera, sin estridencias de ninguna clase; aquí no hay melodramas inacabables, ni pegajosos diálogos de amor, ni escenas pastelosas ni miradas interminables y besos infinitos bajo un velo de estrellas; por no haber, no hay ni un simple “te quiero” en toda la película. Sin embargo, nunca se vio una historia de amor más sincera, más auténtica, más profunda y más turbulenta. Los personajes se quieren como pueden, sin aspavientos, sin excesos, con la emoción contenida de los que quieren todo y no pueden tener nada.
Y es que así es el amor de verdad, el amor en estado puro. Generalmente no hay anillos, ni bodas en un jardín con flores ni declaraciones de amor bajo una noche estrellada. Hay otros sentimientos que no se pueden expresar mejor que con un jadeo, con un golpe de cadera.
Estos vaqueros se quieren de verdad, me han convencido; por eso esta película se merece todos los oscars que hay, y alguno más que debería inventarse para agradecer a este equipo su inolvidable aportación a la historia del cine.
cuento de medianoche
Publicado en Uncategorized el 1 Octubre, 2008 por jigoreEl océano rugía ensordecedor, pero, a medida que comenzaba a intuirse la costa del Caribe, los vapores exhalados por el mar ardiente formaban una densa muralla de brumas que confundió, fruto del cansacio y los vahídos marinos, con la niebla intemporal de los atardeceres parisinos.
Sonrió, divertido de evocar esa imaganen tan típica, tan nostálgica y casi (y eso era lo más absurdo de todo), romántica de aquella ciudad de aceras frías y rostros anónimos, cuyos amaneceres empañados de añoranzas ebrias le habían acompañado durante casi cinco años.
Había cruzado, siendo aún un poeta inexperto, un océano tempestuoso para vivir la vida que siempre había soñado en la capital europea de los corazones atormentados y los esíritus inquietos. Sin embargo, su alborotado espíritu caribe no tardó en rebelarse, orgulloso, contra la amarga realidad que se escondía tras las películas y las postales de luces impostadas.
Despertaba cada día en el fragor de las primeras estrellas y la vida se le iba en leer a poetas cuyos nombres recordaba menos que sus versos, vagar a la deriva por de las calles medio vacías de París, a medio camino entre la embriaguez y la desaforada lucidez de poeta borracho, para terminar más tarde contando amaneceres abrazado a la primera náufraga que se encontraba perdida, como él, en las calles de una ciudad que no era la suya.
No tardó en darse cuenta de que las luces de bohemia de la Ciudad nunca salían más allá de los barrios de los pintores, que nunca atravesaban las ventanas desbaratadas de su habitación; que las francesitas de ojos vivaces y caderas estrechas no respondían a sus llamadas de animal solitario. Fue una de esas tardes grises y monolíticas, que decidió empaquetar sus cosas y poner rumbo de vuelta al país de sol cegador y noches ruidosas que nunca debió abandonar.
Aquella tarde, la brisa oceánica cargada de perfumes minerales le trajo también un cántico lejano, una triste letanía de una voz medio infantil acompañado por el clamoroso rumor de las olas rompiendo contra el casco. Fue entonces cuando vio los ojos inéditos, flotando a flor de superficie como una aparición onírica, mirando fijo a través de las aguas diáfanas. La imagen de la deidad con cola de sirena y busto de mulata caribeña duró a penas lo que duran los suspiros o los sueños de la vigilia. Pero bastó para embrujarle los sentidos y encenderle el alma, y desde entonces no pasó ni un sólo segundo en la cubierta de aquel barco sin que le obsesionara el recuerdo de aquella mirada de mujer. Vagaba tambaleánodose, como un sonámbulo, entre los camarotes atestatados, y bebía sin parar en medio de los mediodías cada vez más cálidos, y lloraba de rabia contando estrellas cuando los demás pasajeros dormitaban en medio del ardor y los vahos tropicales. En el barco lo comenzaron a conocer como el parisino borrachito, cada vez que la lengua se le soltaba en esa jerga incontrolable y asombrosa del francés mezclado con los suaves vaivenes del acento caribe, cuando recitaba poemas incomprensibles y fragmentos de las novelas desvencijadas que llevaba siempre en cada bolsillo del pantalón.
La mañana de llegar a tierra sintió sobre su nuca la mirada de ojos perdidos de la sirena adolescente que le había hecho perder el sentido cinco días atrás. La criatura le llamó por su nombre, o eso creyó oir, en medio del fragor alucinante del mar que peleaba furioso contra la embarcación advenediza. Esta vez no hizo falta que ella dijera nada para que decidiera, en un fragmento de segundo y con la piel aturdidad de un sudor glacial, lanzarse al agua para sumergirse por siempre en las profundidades del mundo con la compañera que siempre había esperado. La felicidad fue tan grande cuando acarició su piel de escamas nacaradas, que tardó en abandonar su cuerpo más tarde incluso que su último aliento de vida.
Los buzos buscaron días y días pero nunca encontraron en cuerpo del parisino borrachito; una viuda triste que no tenía nadie a quien buscar en tierra echó una rosa al mar y rezó una oración por él. Nadie en aquella región se volvió jamás a acordar del suicida sin nombre; sin embargo, incomprensiblemente, las leyendas comenzaron entonces a proliferar como almendros en flor, y las esposas, madres y hermanas devotas que acompañaban a sus hombres al puerto, les aconsejaban entre susurros, en la claridad lánguida de la tarde, no te asumes a menudo a ver el mar, pues las sirenas de ojos azabaches son muy traicioneras en estos mares impredecibles.
Remedios, la bella
Publicado en Uncategorized el 3 Julio, 2008 por jigoreLa luz purpúrea del ocaso de verano enardecía la silueta de una mulata de curvas angostas en cuyos ojos ondulaban campos interminables de trigo maduro. La mulata le sonrió y su pelo era un fuego irlandés que enmascaraba una belleza extraña, sobrenatural. Se llamaba Remedios, la bella, y venía de un pueblo meriodinal, allá por los mares ardientes del caribe. Su voz, al hablarle, tenía el temple del metal fundido y sabores tropicales y atardeceres otoñales a la orilla del mar agónico.
La desconocida le habló de esas noches de salsa, quiebre de cintura y abusos intempestivos que terminaban languideciendo en la playa al filo del amanecer, mientras los primeros claros del sol inmisericorde jugaban con la espuma que besaba los pies del amante casual. Le habló de bellos y crueles paraísos, de efímeras promesas de amor que se desvanecían al filo de las madrugadas, de relojes que no marcaban las horas y de atardeceres de embriaguez y nostalgias axfisiantes. Le tendió la mano y el mundo como lo había conocido hasta ese momento se desvaneció en un susurro de seda que se desliza por la piel desnuda. Cerró los ojos y cuando los abrió, Remedios, la bella, era una aparición onírica que se deslizaba guiándole por los senderos de su propia desesperación.
la fábula del pescador
Publicado en Uncategorized el 6 Junio, 2008 por jigoreEl rico industrial del Norte se horrorizó cuando vio a un pescador del Sur tranquilamente recostado contra su barca y fumando una pipa.
-¿Por qué no has salido a pescar?- le preguntó el industrial.
-Porque ya he pescado bastante por hoy- respondió el pescador.
-¿Y por qué no pescas más de lo que necesitas?- insistió el industrial.
-¿Y qué iba a hacer con ello?- preguntó a su vez el pescador.
-Ganarías más dinero- fue la respuesta. -De ese modo podrías poner un motor a tu barca. Entonces podrías ir a aguas más profundas y pescar más peces. Entonces ganarías lo suficiente para comprarte unas redes de nylon, con las que obtendrías más peces y más dinero. Pronto ganarías para tener dos barcas… y hasta una verdadera flota. Entonces serías rico, ¡como yo!
-¿Y qué haría entonces?- preguntó de nuevo el pescador.-Podrías sentarte y disfrutar de la vida- respondió el industrial.
-¿Y qué crees que estoy haciendo en este preciso momento?- respondió el satisfecho pescador.
La cosa es que si el pescador hubiera seguido el consejo del rico industrial, y hubiera invertido la plusvalía de la captura de ese día en un motor para una lancha y una red de nylon hubiera aumentado los ingresos del vendedor de motores para lanchas y redes de nylon cuyo local está a punto de ser embargado porque en ese pueblo nadie quiere pescar de sobra.
Por otra parte, cuando aumente su flota, podrá contratar a jóvenes ansiosos de trabajar para mantener a su familia, para pagarse la hipoteca, o para irse de vacaciones. Por no hablar, y ésto es lo más importante, que si pesca de sobra para abastecer un amplio mercado, el precio abusivo del escaso y preciosísimo pescado bajará y aquellas familias que antes no podían acceder a este saludable alimento se lo agradecerán profusamente.
Los impuestos que el Estado recaude de los beneficios de la empresa del pesacador serán destinados a mejorar las infraestructuras de la ciudad donde vive el pescador, y seguramente pueda matricular a su hija en medicina, que es la carrera que ella quiere hacer y no puede por ser muy caro mandarla a estudiar fuera.
Yo, personalmente, creo que el pescador tiene muchas más razones para salir a pescar que para quedarse tirado mirando el infinito.
…ciao
Publicado en Uncategorized el 6 Junio, 2008 por jigoreNo estaba triste; simplemente, decepcionada. Decepcionada por otra historia que acababa sin casi haber empezado siquiera, decepcionada porque fue entonces consciente de que incluso el deseo más temepestuoso languidece sin remedio como unas ascuas medio apagas en mitad de la noche silenciosa cuando no es convenientemente avivado. El fuego no es eterno, ella lo sabía, pero se preguntó hasta qué punto le importaba que así fuera.
Los ojos de mirada frebil, las manos que buscaban desesperadamente caminos inexcrutados, los besos que arrojaban vértigos incontrolables en la boca de su estómago, ya no estaban, y no estarían nunca más; pero quizá era mejor así.
La mentira que salió de los labios de él tratando de dulcificar la despedida le trajo perfumes de otras nostalgias ya olvidadas, de relaciones ya superadas y nombres que ya apenas recordaba; le trajo vestigios de noches de verano interminables, de otras noches de verano en las que, como aquella madrugada de finales de agosto, la emoción se desbordaba por cada poro de su piel como un manantial incontenible.
Ella también mintió suavamente, con una medio sonrisa: bueno, está bien, ya hablaremos. Y con esa despedida categórica se dispuesto a archivar ella otra historia de lo que pudo haber sido y nunca será en el cajón (demasiado abultado últimamente) de las historias jamás empezadas y raras veces concluidas.
Y, no estaba triste; simplemente, nostálgica.
hablando de cuentos de hadas…
Publicado en Uncategorized el 30 Marzo, 2008 por jigoreEl Príncipe y la Cenicienta eran felices.
Fueron felices mucho tiempo, sumergidos en el amor color de rosa que los envolvía, en aquel palacio de ensueño con escalinatas de mármol y ventanales multicolores.
Vivían felices caminando ociosos por los jardines y entonando melodías que rebosaban alegría en cada nota. Vivían felices contemplándose a sí mismos en sus espejos dorados, regodeándose satisfechos en su felicidad sin límites.
Sin embargo, cuando caía la tarde y Cenicienta se hallaba sola en sus aposentos, sola tras un día de ignominiosa felicidad, y se contemplaba a sí misma en los ventanales que le mostraban el esplendor de sus jardines y sus estanques, se sentía inmensamente infeliz. Miraba el gran retrato pintado al óleo por el maestro Boticelli de su adorado Príncipe, y se decía que algo fallaba; que alguna rueda del engranaje no terminaba de encajar del todo en aquella máquina de felicidad que era su vida.
-Esto no es lo que yo quería…-se encontró diciéndose a sí misma, y su voz le sonó extraña en medio de aquel silencio sepulcral. Y miró anhelante más allá de los esplendores de su reino, dirigió la mirada hacia el horizonte, donde el sol dorado de la tarde en su lento descenso, teñía el cielo de un rojo tan intenso como los cortinajes de terciopelo de sus aposentos.
Deseó estar allí fuera, cabalgando a lomos de la hermosa yegua que le había regalado el Príncipe por su último cumpleaños, deseó fundirse para siempre con la línea del horizonte y dejar atrás aquel mundo de opulenta felicidad.
Se dio cuenta de que ya no era feliz allí. No quería ser esclava de aquel Príncipe por el que suspiraban todas las damas de la Corte, y sobre todo no quería ser esclava del final feliz de su propio cuento de hadas.
Así que, actuando merced de una fuerza misteriosa que había embrujado su mente,embriagado sus sentidos, se dirigió a la sala de juegos, donde se hallaba el Príncipe.
Él se alegró de verla.
-Cenicienta ven…te he comprado otro vestido…
Ella permaneció inmóvil, sus ojos centelleantes le atravesaban; nunca había visto tanta fuerza contenida en los ojos de una mujer.
-Me voy- se limitó a decir ella- me voy para siempre.
Caminando rauda por los vastos corredores, alcanzó los establos y desató a su yegua negra.
-Vámonos Reina, vámonos donde tú quieras.
Y allá se fueron las dos, galopando libres por aquellas campiñas en flor, sintiendo la brisa en la cara, escuchando el susurro atolondrado de las primeras alondras de la primavera, saboreando el salvaje aroma de una incipiente libertad.
Y Cenicienta consiguió por fin fundirse con su horizonte, y la luz color de sangre del ocaso la envolvió también a ella, y ése fue el primer atardecer de la vida nueva de Cenicienta. Una vida llena de emoción, avnturas y desventuras, y amores y desamores crepusculares que serían más adelante relatadas en un bello cuento de hadas. Un bello cuento de hadas en el que por fin Cenicienta tenía su propio final feliz, verdadero y definitivo…
living…Darfur
Publicado en Uncategorized el 13 Marzo, 2008 por jigoreHace ya algún tiempo que descubrí este sorprendente grupo, más concretamente esta sorprendente canción.
Es bastante común en estos tiempos que corren que los líderes mediáticos se dejen ver por países pobres, se hagan unas fotillos con niños desnutridos en orfanatos, consiguiendo una publicidad que actualmente no tiene precio. Pensamos: qué buen ti@ es est@. No sé si el hacerse este tipo de publicidad que está tan de moda ahora mismo y que a los progres nos gusta tanto haya sido el objetivo de este dúo británico a la hora de componer esta canción. Lo que sí sé es que esta canción bellísima, de letra inteligente y optimista, es un intento de llamada de atención sobre esta región del Chad donde vive un pueblo maltratado por años y años de ocupaciones y guerras civiles y étnicas, injustas y absurdas: Darfur.
El conflicto centenario casi olvidado es el atrezzo perfecto para un videoclip de colores agradables y una cación de ritmos cadenciosos, a caballo entre la música étnica y el pop más melodioso. Mattafix, que así se llama el grupo, decidió, cuando aún estaban empezando y casi no se les conocía ni en el barrio donde empezaron a grabar las primeras maquetas, colaborar con Intermón oxfam en la campaña “salvemos Darfur”, tras visitar un campo de refugiados en uno de sus numerosos viajes a África.
En palabras de Marlon, el cantante: “Es difícil describir la belleza de la gente que conocimos o el claro sufrimiento por el que han pasado. Espero que la canción de alguna forma subraye cuánto espíritu tienen que levantarse por el encima del terror y vivir”.
Pues eso, una joyita.
un corazón herido, 4 años más tarde
Publicado en Uncategorized el 11 Marzo, 2008 por jigore
Se cumplieron 4 años (cuatro años ya!!!!!) desde ese horrible día que todo madrileño recuerda con perfecta, meridiana claridadad: cada uno desde su perspectiva, cada uno con sus propias anécdotas, un caleidoscopio de sensaciones, de emociones, que, sin emabargo, nos afectó a todos por igual.
Recuero perfectamente esa mañana, en que me levanté como siempre poco antes de las 8 para ir al instituto…recuerdo a mi madre llorando en la cocina, a Luis de Olmo contando en la Ser que un tren había descarrilado, o había tenido un accidente, o algo había pasado, pero que al parecer había muchos heridos. La línea que mi padre cogía cada día para ir a trabajar a Serrano (afortunadamente, esa mañana estaba todavía en la cama), la de Nuevos Ministerios, decía la voz atropellada de confusión y miedo. Según fue discurriendo la mañana, más datos, más horrores: han sido bombas, dos exactamente, hay muchos, muchos, muchos muertos. Recuerdo aquella mañana de instituto, los comentarios alborotados, la inquietud de los profesores, de todo el mundo, hasta que se terminaron por suspender las clases. Recuerdo aquella clase de matemáticas, en la que la autómata deshumanizada de mi profesora Susana demostró tener sentimientos bajo la férrea, cruel apariencia, y nos invitó a hacer una tertulia para compartir en voz alta todos nuestros miedos. Recuerdo los mensajes del novio de Sara (cómo no, francés), diciendo que en Francia se decía que había sido Al qaeda. ¿ qué? ¿quién? preguntábamos casi todos. Recuerdo cómo nuestra confusión inicial se fue conviertiendo en auténtido miedo a medida que comprendimos que muchos de nuestros conocidos podían estar en Atocha en ese momento. Y no, nos equivocábamos. Atocha es, para todo madrileño habitante del sur de la periferia, paso obligado para acceder al centro de la capital. Y como buenos madrileños del sur conocemos a cientos de personas que cogen cada día el tren para ir a trabajar, a la universidad. Recuerdo que la providencia quiso que ese día precisamente hubiera huelga de universidades, con lo que ni qué decir tiene que prácticamente ningún estudiante acudió a clase ese día. De caso contrario la tragedia hubiera sido incluso más tragedia, y siempre me he preguntado si de alguna manera los terroristas, consicientes de este hecho, elegieron ese día para atenuar de manera sutil el daño horroroso y demencial que causaron ese día. Aunque supongo que no…
Recuerdo el dolor, las lágrimas, de esa noche interminable. Cómo dolió el golpe que nos asestaron a todos los madrileños en pleno corazón. Porque no estrellaron un avión contra cualquier mole de cemento impersonal del distrito financiero, sino que atacaron en donde más daño podrían hacer: pusieron una bomba en el tren que cada día cogen los curreles, los universitarios sin dinero para un coche, las madres que llevan a sus hijos a los coles que están un poquito lejos. La gente más indefensa, la gente más vulnerable, la más inocente. Y cómo duele que haya pasado precisamente en esa estación, encrucijada de caminos, laberinto de andenes, lugar de encuentro de miles de caras anónimas, en esa estación que todos los del Sur conocemos como la palma de nuestra mano. Algunos de nosotros conocemos cada rincón, cada esquina, cada secreto. Y esa bomba en Atocha, esa bomba bajo el asiento de algún compañero de clase o del curro nos dolió igual que si la hubieran puesto en nuestra propia casa.
Luego, irremediablemente, las historias se sudecen macabras y espeluznantes: decenas de personas conocidas, que, si no estuvieron ahí, conocen a alguien que estuvo, alguien que precisamente ese día perdió el tren, incluso…
Y si no, ya está la tele para mostrarnos, en los días posteriores, desgarradoras historias de padres sin hijos, de hijos sin padres, de hermanos sin hermanas y abuelos sin nietos. Esto es lo verdaderamente horrible de todos los fanatismos religiosos o políticos del mundo; las víctimas son siempre los mismos, la gente indefensa, la más inocente…los daños colaterales.
Si lo que pretendían los locos enfermos dicpípulos de Bin Laden o no importa de quién era hacer daño, herir a un pueblo en lo más profundo del alma, lo consiguieron; lo habían conseguido antes con la masacre brutal e increíble del World Trade Center, pero lo volvieron a conseguir aquel día en Madrid peses a que murieron 10 veces menos de personas.
4 años después, todas las heridas parecen cicatrizadas en apariencia. Se siguen buscando culpables e inocentes, pero nada de eso importa ya. A la madre cuyo hijo arrancaron brutalmente de su lado de poco le sirven los “face to face”, los juicios interminables. Pero a esa madre no le queda más remedio que coger cada día el tren para ir a las oficinas de Méndez Álvaro, y esperar que no haya una bomba bajo su asiento… (o tal vez esperar precisamente eso)
yo no quiero quererte…
Publicado en Uncategorized el 8 Marzo, 2008 por jigoreMírame a los ojos, y dime por qué la vida parece tener sentido esta noche. Siempre me he preguntado para qué nacemos, para qué morimos. Ahora, por fin, lo sé: he nacido para estar en tus brazos esta noche.
Mírame a los ojos, y dime por qué no me importa no volver a ver el Sol, no volver a ver una sonrisa conocida. Dime por qué no temo a la muerte, por qué me da igual lo que esté ocurriendo fuera de los muros de esta habitación. ¿y qué, si el mundo estalla en llamas a nuestro alrededor? ¿y qué, si la raza humana se extingue para siempre? A mí lo único que me importa es que te quedes aquí, y me acaricies una vez más.
Dime por qué siento cosas que sé que no debería sentir, dime por qué no me importan las consecuencias de lo que pase esta noche en esta habitación. Quiero saber por qué he perdido la noción del tiempo y el espacio desde que comenzaste a besarme y nos desnudamos furiosos, desesperados. Dime por qué veo en tus ojos, aunque a penas te conozco, todo lo que estás pensado y no me quieres decir. Dime por qué me siento tan unida a ti a través de la noche, por qué me siento tuya si a penas hemos mantenido media conversación (ni la mantendremos nunca).
Cállate. No enturbies el silencio con palabras que ninguno de los dos quiere escuchar. Cierra los ojos, e imagínate, que por esta noche, tú y yo somos los únicos habitantes de la tierra. Imagínate que la noche es eterna y que nunca nos vamos a cansar de dibujarnos el uno al otro con las manos.
Me da igual lo que pase después de esta noche incierta e interminable. Me da igual no volver a verte si algún día sale el sol y tenemos que abandonar el calor de las sábanas. Sólo quiero que grabes a fuego tus caricias en mi cuerpo esta noche. Porque, yo no quiero quererte, ni que me quieras. Sólo quiero que te quedes en mi cama, un poco más.